Róbame una sonrisa,
mejor aún, róbame cien,
cual ladrona que no avisa
y después huye de prisa,
dejando rastro en mi sien.
Me hará tu pensamiento
sonreír de oreja a oreja
más de lo que aparento,
poco es decir contento
que tu recuerdo me deja.
Róbalas, pues, si tú quieres,
tómalas ya por asalto,
considera que dueña eres
de las que tú te apoderes,
yo de ellas no quedo falto.
Antes es al contrario,
a más sonrisas me robas
yo me siento millonario,
incluso me es prioritario
que intentes llevarte todas.
Róbalas, si te es preciso,
aunque yo les tengo apego,
puedo hacer que no diviso,
hacer del robo caso omiso.
Por Dios, róbalas, te ruego.
Mas considero prudente
hacerte la advertencia:
Que no pase por tu mente
que te irás impunemente.
Ya pensaré en tu sentencia.