MORDAZA

Por convenio, amordazado,
callando las dos palabras
que en mi pecho he guardado,
a no decirlas forzado.
Al menos no con palabras.

Palabras que ya no digo
mas siempre las digo sin voz,
sentimientos que prodigo,
los grito más que los digo
en todo lo que hago por vos.

En mis ojos mordaza quito
pues las digo cuando te miro,
más que si solo las admito,
con ellos, por Dios, las grito,
grito sonoro cual suspiro.

Te las diré, lo necesito,
están dichas al inicio,
aquí, donde yo admito
mi parte en el delito
o mi pérdida de juicio.

Y aún ahora yo dudo
si a callarlas alcancé,
si frenarse mi boca pudo,
si a mi lengua le puse nudo,
si yo las dije o las pensé.

En su lugar para compenzar
otro diría "te quiero",
y yo no voy a comenzar,
pues no lo quiero ni pensar,
antes de eso mejor muero.

Es que eso lo he callado
no porque no lo sienta.
Sería aceptar obispado
después de tener papado.
Decirlo bien no me sienta.

Reviso entonces mis cuentas,
no son dos sino cuatro
esas palabras cruentas
de mi vocablo exentas,
con que de mudo hago teatro.

Palabras que yo he notado
que vos también las omites
y me gusta tener pensado
que por lo mismo has callado
aunque por dentro las grites.

Sigamos por hoy igual
con su mudez cada quien.
Sigamos mintiendo mal
y amar sin hablar cada cual,
que por mi parte está bien.